19.11.08

Autorretrato [Alberto Durero]


"Ellos [los reyes] enriquecían a los artistas eminentes y los trataban con reverencia porque sentían que los grandes maestros estaban en igualdad con Dios, según está escrito."
ALBERTO DURERO
El segundo autorretrato del pintor, realizado en 1498 con la técnica del óleo sobre tabla, representa a un joven Durero, orgulloso y seguro de sí mismo, altivo, delgado y elegante. Aparece de medio cuerpo en una sala con una ventana através de la cual se observa un paisaje nórdico nevado. Bajo esta ventana, aparece una inscripción en alemán que reza: "1498. Lo pinté según mi figura. Tenía yo veintiséis años. Albercht Dürer". Esta autoconciencia era más propia del mundo meridional que del nórdico.
En esta obra, Durero cumple con las características de todos sus retratos: una figura monumental, iluminada por una luz clara y difusa y una serena proporción. Además se palpa la fusión de la tradición flamenca (que el autor conoce principalmente através de la obra de Wan der Weyden y Van Eyck) con la italiana (influenciado por Bellini, Mantegna y Leonardo); de la primera, toma el punto de fuga lejano mediante el paisaje que se abre en un vano tras él y el detalle próximo a la filigrana que se observa claramente en el tratamiento el cabello; de la segunda, el naturalismo, la composición serena, el estudio de la luz, y como ya he mencionado, el propio tema "egocentrista". La técnica gráfica tan minuciosa del pintor fue aprendida de su maestro Wolgemut y de sus viajes de estudio. La mirada del joven aparece en un plano superior, dando la impresión de querer hipnotizar al espectador.
Con anterioridad a Durero el retrato era un género poco practicado en Alemania, pero a partir de sus impecables y precisos retratos, mayoritariamente masculinos, se convierte en uno de los temas principales el arte centroeuropeo.
En lo que respecta al período artístico, etiquetamos la obra de Durero en el Renacimiento europeo y podemos añadir que fue uno de sus mayores representantes. Y esto es así porque el alemán se distanció mucho de contemporáneos suyos como Grünewald (Descendimiento), Holbein el Joven (Erasmo) o Cranach (Venus y Cupido). Uno de los temas más tratados en este período es el religioso, la otra obsesión junto a la figura humana de Durero, teniendo en cuenta también la aparición de nuevas espiritualidades, como el humanismo erasmista o el luteranismo. De sus obras religiosas destacan Adán y Eva, La adoración de la Santísima Trinidad y Los cuatro apóstoles, donde se refleja la herencia de su paso por Venecia en el amplio y rico colorido.
Alberto Durero también supuso un hito en la técnica y desarrollo del grabado.
Fuentes:
-LIZASOAIN HERNÁNDEZ, Javier y GONZÁLEZ RIBOT, Mª José, Historia del arte, Almadraba, Madrid, 2007.
-Coleción Obras maestras de la pintura, Planeta DeAgostini.

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